El asma bronquial es una dolencia que, según el momento de su aparición, su forma y frecuencia, puede constituir una enfermedad psicosomática o un trastorno funcional. Al igual que en la úlcera, su aparición es episódica, alternándose períodos agudos con períodos asintomáticos. Clásicamente, suelen ser episodios de corta duración, desde algunos minutos hasta horas, después de los cuales el paciente recupera por completo su capacidad funcional. También pueden presentarse casos del llamado "mal asmático" con gran resistencia a la medicación y cuya severidad indique el ingreso hospitalario o que en un período el paciente sufra cierto grado de obstrucción respiratoria todos los días.
Dejando de lado, después de haber leído atentamente, las explicaciones fisiopatológicas brillantemente expuestas por la Medicina, voy a intentar trazar algunos rasgos, algunas rasgaduras, de lo que sería psicoanalizar esta enfermedad, es decir, más allá de lo que el asmático nos muestra, cómo se produce lo que nos muestra, "cómo respira".
La construcción de la historia del asmático comienza en la infancia por el miedo de perder el amor de su madre, a la que, por otra parte, parecen llevar sobre sus bronquios. Accesos de desesperación y cólera constituyen una habitual forma de relación entre el niño y su madre. Para algunos el asma representa una crisis de llanto inhibida y para otros un grito reprimido. La observación clínica revela ansiedad, timidez, restricciones sexuales y agresivas y bloqueo emocional, características éstas que acercan al asmático hacia las fobias y las posiciones depresivas.
Al nacer, cuando la respiración se transforma en una constante, el niño comienza a ser esclavo del aire. Encrucijada donde el aire viene a romper el circuito cerrado madre-hijo y viene también a dar entrada a la materia intangible de la voz, materia imprescindible para decir e irremediablemente perdida en el decir. Como esclava del aire, entonces, la respiración pasa a ser el eje de expresiones características: suspiro, llanto, sollozo, grito, alarido, risa. Cierta rigidez precipita la crisis asmática como angustia y, al mismo tiempo, como recuperación del amor, manifiesto en las emociones desencadenadas en los testigos, por lo general, familiares. Al mismo tiempo y durante el ataque se reconoce una sensación de vergüenza y de culpabilidad.
Dada la íntima vinculación entre la angustia y la respiración, puede que las variaciones del ritmo, las interrupciones transitorias y otras modificaciones de la función, sean manifestación de pequeñas y continuas modificaciones psíquicas y expresión de leves cantidades de angustia. El papel de las sensaciones respiratorias en la angustia explica el hecho de que toda angustia sea percibida, hasta cierto punto, como una especie de ahogo. Las graves perturbaciones que se observan en el asma representan un anhelo pasivo, receptivo y nos permitimos especular que el ataque es un equivalente de la angustia, una reacción ante una pérdida, un grito interno que reclama de la madre ayuda, protección y amparo. Al mismo tiempo, deja de estar angustiado, ahora los angustiados son sus familiares. Deja de estar angustiado, ahora teme morir de asfixia, aunque en realidad, teme saberse mortal y tanto más lejos estará de ese saberse mortal –motor de vida-, cuanto más temor tenga a morir. Hasta la próxima.
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